Las 142 represas que ponen en riesgo la cuenca amazónica – Científicos muestran el impacto de estas obras para las más de 600 especies de peces que viven allí

Una oleada de nuevos desarrollos hidroeléctricos está fracturando la conectividad de los ríos andino-amazónicos con unos impactos hasta el momento subestimados. Así lo advierte un grupo de científicos que durante el último año ha monitoreado el estado de salud de seis grandes cuencas hidrográficas: Caquetá, Putumayo, Napo, Marañón, Ucayali y Madre de Dios; y Beni y Mamoré (que forman parte de Madeira).


El 20 por ciento de la Amazonia se caracteriza por ecosistemas de humedales. Foto: Cortesía – Fernando Trujillo Fundación Omacha

Los investigadores documentaron 142 represas existentes o en construcción y 160 proyectadas para los ríos que drenan las cabeceras andinas del Amazonas, que afectan no solo la geomorfología fluvial, sino los servicios ecosistémicos de los que dependen más de 30 millones de personas que habitan la cuenca.

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El estudio ‘Fragmentación de la conectividad de los Andes al Amazonas por represas hidroeléctricas’, publicado en la revista Science Advances, hace la advertencia de que de las ocho cuencas monitoreadas, seis tienen represas hidroeléctricas en operación o en construcción. Las únicas que no se ven afectadas, por ahora, son la de Caquetá (Colombia-Brasil) y la del Putumayo (Colombia-Perú-Brasil).

“Colombia es el único país sin presas hidroeléctricas actualmente en operación o en construcción en la Amazonia andina. Sin embargo, el escenario hidroeléctrico podría cambiar significativamente en el futuro, dados los acuerdos de paz recientemente firmados –con el grupo guerrillero de las Farc– y el relativo aumento de seguridad, acceso e interés comercial en la región”, dice el estudio. 

“Colombia es el único país sin presas hidroeléctricas actualmente en operación o en construcción en la Amazonia andina.”

El Putumayo –sugiere el análisis– muy pronto será el único sistema ribereño que no haya sido obstaculizado por represas hidroeléctricas en toda la región Andino-Amazónica. En futuros escenarios de desarrollo –como el que ha venido ocurriendo durante los últimos cinco años–, las pérdidas en la conectividad podrían aumentar en más de un 50 por ciento en el Marañón, el Ucayali y el Beni, y en más de un 35 por ciento en el Madre de Dios y el Mamoré.

Esta proliferación de presas ha sido identificada como uno de los 15 problemas mundiales en materia de conservación. Se estima que dentro de menos de 15 años, ya el 90 por ciento de los ríos del mundo tendrán algún impacto o fragmentación por una represa. Actualmente hay casi 70.000 megarrepresas en funcionamiento.

Estas obras están alterando silenciosamente el hábitat de 671 especies de peces de agua dulce. Las estimaciones actuales sugieren que el 93 por ciento de los sedimentos en el río Amazonas provienen de una fuente andina, al igual que la mayoría de las partículas de nitrógeno y fósforo.

Sin embargo, las represas andinas podrían terminar atrapando hasta el ciento por ciento de esos sedimentos, importantes para la formación del cauce, los meandros y las planicies inundables kilómetros más abajo.

“El pulso natural del río, que normalmente depende de los periodos de lluvia y sequía, se ve alterado por barreras artificiales que, adicionalmente, obstruyen la migración de peces como el dorado, especie de bagre de gran importancia económica para la cuenca y que efectúa la mayor migración documentada hasta ahora de un pez en un sistema dulceacuícola”, le dice a EL TIEMPO Javier Maldonado, profesor de la Universidad Javeriana y coautor del estudio.

Esta investigación es parte del proyecto Ríos Vivos Andino-Amazónicos, en el que participan investigadores de Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Estados Unidos con el fin de incrementar el acceso a la información científica y los conocimientos tradicionales relacionados con los ecosistemas acuáticos, que permitan fortalecer la capacidad de las autoridades regionales para tomar mejores decisiones en el territorio.

Para llegar a estas conclusiones, los expertos tuvieron que revisar los documentos gubernamentales de cada país sobre los proyectos hidroeléctricos en desarrollo, ubicarlos y confirmar su presencia a través de imágenes satelitales. Esto les permitió analizar los efectos acumulativos de las represas existentes y futuras, así como los impactos en la fragmentación de toda la red fluvial y la biodiversidad de peces de agua dulce.

Los investigadores llaman la atención sobre la “necesidad urgente” de fortalecer la cooperación internacional y transfronteriza cuando se trabaja alrededor de la gestión del recurso hídrico.

“No existe una perspectiva regional sobre lo que significa que haya varias represas en una sola cuenca. Falta hacer estudios en los que se analicen los impactos acumulativos y compararlos con otras variables para tener una visión más holística de la planificación hidroeléctrica en la Amazonia”, le dijo a este medio Elizabeth Anderson, autora principal y profesora asociada de la Universidad Internacional de Florida (Estados Unidos).

Si estos datos se combinan con otro tipo de información sobre biodiversidad, por ejemplo, o análisis del cambio climático, cobertura forestal, pesquerías, proyectos mineros, construcción de carreteras y áreas de importancia cultural, los responsables de tomar decisiones podrían establecer prioridades y examinar las compensaciones que hay entre la energía hidroeléctrica y otros servicios ecosistémicos.

Según Anderson, en términos generales, esta investigación arroja un escenario de “esperanza y oportunidad para la conservación”, dado que las cuencas todavía tienen buena conectividad en sus cauces principales, pero “ya están en riesgo”. “Es necesario hacer nuevas políticas y estudios que ayuden a visibilizar los ríos como objetos de protección, ya que muchas veces se suele dar mayor importancia a los bosques que a los ecosistemas acuáticos, que también guardan una biodiversidad sorprendente”.

A la fecha, ningún país amazónico ha ratificado la Convención de las Naciones Unidas sobre Cursos de Agua (UNWC), que busca garantizar el cumplimiento de unas medidas de protección, preservación y ordenación del recurso hídrico para fines distintos de la navegación. 

Por: Tatiana Pardo Ibarra

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TATIANA PARDO IBARRA
@Tatipardo2
tatpar@eltiempo.com

 

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